La gaita gallega en la diáspora argentina

Por Martin Pinola

La gaita gallega y su ancestralidad sonora, no solo habitan los montes y ríos del noroeste ibérico. En Argentina, a miles de kilómetros de Galicia, su sonido también resuena con fuerza, cargado de historia, identidad y emoción migrante.

Una historia de viaje

A fines del siglo XIX y comienzos del XX, miles de gallegos emigraron a la Argentina buscando mejores condiciones de vida. Con ellos no solo cruzaron el océano sus documentos, maletas o fotografías: también trajeron su música. La gaita se convirtió en un símbolo de pertenencia, y muchas asociaciones gallegas comenzaron a enseñarla y a interpretarla en fiestas, misas, romerías y actos patrióticos.

De símbolo comunitario a voz artística

Durante años, tocar la gaita en Argentina fue un acto profundamente identitario, asociado a lo colectivo. Pero hoy, sin dejar esa raíz, nuevos intérpretes están llevando el instrumento a otros escenarios: salas de concierto, colaboraciones interculturales, proyectos de música celta y fusiones contemporáneas.

Tocar gaita en Argentina ya no es solo recordar Galicia: también es reinterpretar el legado desde el presente.

Un instrumento con doble pertenencia

Tocar la gaita gallega en el sur de América implica necesariamente un cruce cultural. La diáspora no repite la tradición: la resignifica. El paisaje sonoro es otro, los referentes cambian, el público es distinto. Pero hay algo que permanece: la morriña y la tradición Esa vibración profunda que nace del ronco, que tiembla en el punteiro, y que nos recuerda que la música también es hogar.

Mi experiencia

Comencé a tomar clases de gaita a fines del año 2008. Para ese entonces no sabía como era una gaita: nunca había visto una en persona, solo sabía que me había encantado su sonido que por entonces había escuchado en un programa de radio. la digitación del puntero me resultó familiar, dado que yo ya tocaba algo de flauta dulce, pero luego la coordinación para mantener una nota continua apretando el fuelle y y digitando al mismo tiempo me llevó algunos meses de aprendizaje y frustración. Pero mi determinación era muy grande y estaba decidido a aprender por lo que a los pocos meses ya formaba parte del conjunto de música tradicional, del cual hoy soy director desde hace 10 años y también tengo a cargo la misma escuela de gaitas desde 2014. Recuerdo muchísimas actuaciones en Buenos Aires y el inolvidable viaje de estudios a Galicia en 2011. Fue un instrumento que me abrió enormes puertas y me permitió tocar con muchísimos artistas. Hasta me di el lujo de poder tocar con quizás tres de los más grandes referentes contemporáneos de la gaita gallega: Carlos Núñez, Xosé Manuel Budiño y Susana Seivane, haciéndolo en una de esas oportunidades en el mítico Teatro Colón de Buenos Aires.

Conclusión: seguir tocando es seguir contando

La gaita gallega en Argentina no es una curiosidad. Es un instrumento vivo, una voz migrante que sigue diciendo cosas. Mientras haya músicos que la elijan, que la estudien y que la compartan, seguirá siendo un puente entre mundos.


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